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OVEJA CARA NEGRA

Los tendederos de ropa en la ciudad

Texto y fotos: Jhaquelin Dávalos Escobar

La miniaturización de los espacios de lavado y secado de ropa a través de los objetos de la vida cotidiana

Buscar el sol para tender la ropa y dejar un trapito para que las gotas de agua no dañen el piso, cerca de la Plaza Avaroa.

En la ciudad se ven ropas secando en medio de construcciones por concluir. Viendo esto, me pregunté dónde ponen los tendederos las familias que terminan de construir sus casas. De eso modo, seguí las pistas a los tendederos de ropa y caí en cuenta que, en La Paz, como en otras ciudades del mundo, el mercado inmobiliario e incluso las prácticas de autoconstrucción tienden a miniaturizar las lavanderías y espacios de secado de ropa

Desde Tacagua, tender las ropa mientras se acaba la construcción.

Las familias que autoconstruyen toman distintas decisiones sobre la ubicación de sus tendederos de ropa. En los mejores casos las familias disponen de espacios amplios y techados para la lluvia; en otros casos, priorizan parrilleros y deciden improvisar sus tendederos; en otros casos, principalmente en las viviendas verticales del negocio inmobiliario, las familias sacan perchas por las ventanas para ventilar sus ropas porque sencillamente no existe un espacio para secar.

Amada sea la construcción que no deja a la improvisación a los tenderos de ropa. Foto:
Cerca de la Terminal de La Paz, cordeles apretados a la ventana para secar la ropa.

Las constructoras del negocio inmobiliario toman decisiones sobre la distribución de los espacios reduciendo, principalmente, los espacios de las actividades cotidianas: lavanderías, espacios de secado y la cocina. Se reducen y miniaturizan cada vez más las escalas arquitectónicas de los espacios cotidianos. Las cocinas ya no son laboratorios y despensas; las lavanderías y los espacios de secado de ropa ya no son espacios de socialización so pretexto de que las lavadoras lo resuelven todo, ¿dónde lavarán las alfombras o trapos muy sucios las familias de viviendas?

Una vez pregunté por el alquiler de un “garzonier” cerca del lugar donde trabajo. Me llevaron a un lugar un poco frío, tenía cocina y baño con un “espacio para la lavadora”. Le pregunté a la encargada dónde podía secar la ropa, la encargada dudo: “había un joven antes aquí, francamente nunca me pregunté dónde secaba su ropa; pero, preguntaré si usted puede secar en la terraza como lo hacen propietarios del edificio”. Cuando salí del lugar, vi el letrero de “depósito” en la entrada del garzonier. De ahí, abandoné la idea de dejar mi casa y vivir más cerca del trabajo; pero, continué fotografiando tendederos.

Las personas que viven en viviendas verticales, departamentos, se dan modos curiosos para secar la ropa, comparten cordeles de ventana a ventana; aprovechan el vierteaguas de las ventanas; mueven sus ropas por sus habitaciones buscando el sol; toman techos, barandales o cualquier lugar donde llegue sol porque están sometidas a una escala arquitectónica que borra del paisaje tendederos de ropa mojada.

En tres de los pisos se tiene ropa buscando el sol, zona Centro.
Ropas besan las ventanas, Sopocachi.

Esta desaparición de los objetos de la vida cotidiana se relaciona con la modernización de los modos de habitar (que admite la inexistencia del patio, tan importante en la memoria espacial rural) y los intereses económicos del negocio inmobiliario que pocas posibilidades ingenieriles ha inventado para que las viviendas verticales tengan mayor acceso al sol y áreas de secado de ropa. Igualmente, esta desaparición se relaciona con una mirada masculina en la arquitectura que sacrifica espacios para vivir la reproducción de la vida y la cotidianidad por espacios para vivir lo extraordinario, pero poco frecuentados, como parrilleros y salas de estar.

Por eso, ante la reducción del espacio para el cotidiano, la explosión de color e intimidad de ropas secando en las laderas de la ciudad me emociona. Esta explosión de color viene de la rebeldía de las mujeres que viven alrededor de los manantiales de la ciudad y que lavan sus ropas ampliamente, es una resistencia femenina a la regulación espacial moderna que borra objetos de la cotidianidad, las relaciones sociales y las relaciones con el propio cuerpo.

En Valle de las Flores muchas familias lavan sus ropas en los mananantiales, es un día de trabajo familiar y de muchos juegos.

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